Apenas son las 05:30h y salgo a la calle, hace frío, al entrar en el metro me cruzo con caras desencajadas de alcohol y fiesta.
En pocos minutos me encuentro recorriendo las calles del barrio gótico, todavía está muy oscuro. Mientras espero los primeros rayos de luz estudio cada rincón esperando encontrar un escenario que con la luz del amanecer se vuelva mágico. Pero pasa el tiempo y sigue todo oscuro. Hace frío, así que finalmente espero que a llegue el sol tomando un café. Tengo suerte y en mi café me acompaña otra intrépita de la fotografía; dos cafés, una mesa y tiempo, ingredientes suficientes para desencadenar una de esas conversaciones imposibles en las se pretende arreglar el mundo y se dicen muchas sandeces. Finalmente un rayo de luz da fin a esa conversación, salimos disparadas de la cafetería, son las 7:40h de la mañana y posiblemente disponemos de una hora de la mejor luz para dar con una buena foto.
Calle arriba, calle abajo, terminamos en el Moll Vell y para nuestra sorpresa la imagen bucólica de un circo junto al mar. El escenario no puede ser mejor. No se si saldrán buenas fotos desde las humildes cámaras de dos aficionadas pero el momento lo vale, las calles vacías, un café eterno, el circo, el mutismo antagónico al akelarre de turistas que se advertirá en unas horas y centenares de personas en distintos lugares del mundo haciendo lo mismo; fotografiando un amanecer.







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